1.
2.
Así fui llegando
a mis veinticuatro años, que es cuando volvió de América, con un caudalillo
ahorrado, mi hermano Lázaro.
Llegó acá, a Valverde de Lucerna, con el propósito de llevarnos a mí y a nuestra madre a vivir a la ciudad, acaso a Madrid.
-En la aldea -decía- se entontece, se embrutece y se empobrece uno.
Y añadía:
-Civilización es lo contrario de ruralización; ¡aldanerías no!, que no hice que fueras al colegio para que te pudras luego aquí, entre estos zafios patanes.
Yo callaba, aun dispuesta a resistir la emigración; pero nuestra madre, que pasaba ya de la sesentena, se opuso desde un principio. "¡A mi edad, cambiar de aguas!", dijo primero; mas luego dio a conocer claramente que ella no podría vivir fuera de la vista de su lago, de su montaña, y sobre todo de su don Manuel.
-¡Sois como las gatas, que os apegáis a la casa! -repetía mi hermano.
Cuando se percató de todo el imperio que sobre el pueblo todo y en especial sobre nosotras, sobre mi madre y sobre mí, ejercía el santo varón evangélico, se irritó contra este. Le pareció un ejemplo de la oscura teocracia en que él suponía hundida a España. Y empezó a barbotar sin descanso todos los viejos lugares comunes anticlericales y hasta antirreligiosos y progresistas que había traído renovados del Nuevo Mundo.
Llegó acá, a Valverde de Lucerna, con el propósito de llevarnos a mí y a nuestra madre a vivir a la ciudad, acaso a Madrid.
-En la aldea -decía- se entontece, se embrutece y se empobrece uno.
Y añadía:
-Civilización es lo contrario de ruralización; ¡aldanerías no!, que no hice que fueras al colegio para que te pudras luego aquí, entre estos zafios patanes.
Yo callaba, aun dispuesta a resistir la emigración; pero nuestra madre, que pasaba ya de la sesentena, se opuso desde un principio. "¡A mi edad, cambiar de aguas!", dijo primero; mas luego dio a conocer claramente que ella no podría vivir fuera de la vista de su lago, de su montaña, y sobre todo de su don Manuel.
-¡Sois como las gatas, que os apegáis a la casa! -repetía mi hermano.
Cuando se percató de todo el imperio que sobre el pueblo todo y en especial sobre nosotras, sobre mi madre y sobre mí, ejercía el santo varón evangélico, se irritó contra este. Le pareció un ejemplo de la oscura teocracia en que él suponía hundida a España. Y empezó a barbotar sin descanso todos los viejos lugares comunes anticlericales y hasta antirreligiosos y progresistas que había traído renovados del Nuevo Mundo.
3.
La leche es el agua vestida de novia.
4.
DON LATINO. - Me estás asustando. Debías dejar esa broma.
MAX. - Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado
Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
DON LATINO. -¡Estás completamente curda!
MAX. - Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el
Esperpento. Elsentido trágico de la vida españolas ólo puede darse con una
estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO. -¡Miau!¡Te estás contagiando!
MAX. - España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO. -¡Pudiera! Yo me inhibo.
MAX. - Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.
DON LATINO. - Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos
de la calle del Gato.
MAX. - Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una
matemàtica perfecta. Mi esté tica actual es transformar con
matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.
DON LATINO. -¿Y dónde está el espejo?
MAX. - En el fondo del vaso.
DON LATINO. -¡Eres genial!¡Me quito el cráneo!
MAX. - Latino, deformemos la expresión en el mismo espejo que nos deforma
las caras y toda la vida miserable de España.
DON LATINO. - Nos mudaremos al callejón del Gato.
MAX. - Vamos a ver qué palacio está desalquilado. Arrímame a la
pared.¡Sacúdeme!
o
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